viernes, 9 de septiembre de 2011

Jim Thompson por Javier Ragau

Jim Thompson, escritor norteamericano
     Por  Javier E. Ragau



Vivía yo en el barrio gótico  de Barcelona y por aquel entonces sólo sabía hacer dos cosas: leer mucho y escribir de vez en cuando algún que otro cuento que surgiera de mi mente cuando me quedara en vela una noche de insomnio. Durante el día, iba al acecho de las novelas más extrañas y complicadas de conseguir y que no pudiera saber nadie de ellas. No me importaba estar fisgoneando estante por estante hasta toparme con la novela apropiada, siempre y cuando mi olfato de ávido lector diera en el clavo. Suele pasar cuando una persona que lee mucho y gusta de buena literatura acaba por tener una peculiar intuición hacia los libros más suculentos. Así, a lo largo de mi vida y con ese mismo empecinamiento, me encontré con los más diversos títulos: Trastorno de Thomas Bernhard,Un hombre acabado   Giovani Papini o Las Partículas Elementales de Michel  Houellebecq, y aunque ninguno de estos títulos tengan algo en común en sus tramas, fue así como me encontré con  1280 almas de Jim Thompson, pues tal era el nombre que llevaba esa novelita de género policial.
No creo que Jim Thompson fuera expresa y exclusivamente  un simple escritor de novelas policiales. Puede que lo fuera en la medida de que era su punto fuerte, además de ser las novelas que estaban más en boga durante su época y las que le mandaban escribir por encargo para ganarse la vida. Se sabe que al comienzo de sus días de escritor sus hermanas le suministraban recortes de periódicos de las esquelas policiales más llamativas, quizás para que le sirvieran de ayuda a sus tramas. Pues Jim Thompson era de esos escritores a los que no les importa escribir las historias que hicieran falta para contentar a un público impaciente de crímenes y mentes perturbadoras, con tal de llevar “el bacon al desayuno” como así definiría Andy Warhol al hecho de ganarse el sueldo para poder pagar el alquiler.  No le importaba escribir noveluchas con tal de ganarse el pan y ser aceptado. A veces pasa eso con los buenos artistas, sus obras no son capaces de resaltar lo suficiente en la época en la que son escritas y precisan del paso del tiempo para ser admiradas. Hoy, Una mujer endemoniada y 1280 almas están consideradas alta literatura, aunque por aquella época no las admirase nadie. ¿Fue Jim Thompson un autor adelantado a su tiempo? Lo fuera o no, lo que queda claro es que sus obras siguen fascinando y son, como muy pocas obras de arte llegan a convertirse, como devoción de culto. Cierto, Jim Thompson (así lo considero yo) es un escritor de culto, de esos tipejos encantadores que sólo pudieron caerle bien a la gente a través de sus personajes, de sus novelas. Con el tiempo, a medida que mi devoción por este autor iba in crecendo, hasta convertirme en un maníaco de su obra, fui dándome cuenta de una triste realidad: apenas sus libros se encontraban editados, es más, la mayoría de sus obras y las que más me interesaba leer se encontraban descatalogadas desde hacía décadas. Aún así, uno descubría que esto sucedía en lengua castellana, cuando en Francia su fama fue siempre reconocida y sus libros se reeditaban año tras año. No podía encontrar sus obras por ningún lado. Recorría librerías de toda la ciudad preguntando por este escritor que tanto veneraba, hasta la saciedad. En cierta ocasión, tuve la suerte de encontrar dos ejemplares suyos en una librería de la avenida Santa Fé, cuando con descaro le pregunté al dependiente si conocía a Jim Thompson. Tenía Un cuchillo en la mirada a ochenta pesos (20 euros, de importación), más luego me aseguró que tenía en su poder dos novelitas que no quería más y que me las vendería por 30 mangos cada una: Ciudad Violenta y Asesino Burlón. Al día siguiente ahí estaba yo al pie del cañón con el dinero en la mano listo para llevarme esas dos joyas que para mí eran todo un hallazgo. Era consciente que pocos como yo gozaban del privilegio de poseer semejantes perlas en bruto. Cuando leí Ciudad Violenta y conocí al matón psicótico Bicho, que era contratado por un mafioso petrolero de una ciudad llena de corrupción para hacer los trabajos más sucios, deguste cada capítulo de esa historia con el mayor deleite posible. Hacía tiempo que no me sucedía esto, creía que no encontraría al arquetipo del escritor norteamericano desde John Fante (el típico escritor de guiones de cine, alcohólico y solitario que vive de hostal en hostal y se queda mirando el atardecer por la ventana del hospicio) o algún otro que me falte por conocer. En la Biblioteca Nacional de Buenos Aires me quedé toda una tarde devorando de principio a fin Una mujer endemoniada. Me juré que no me detendría en mi empeño en engullir de un solo bocado el libro entero de cabo a rabo. Porque Jim Thompson va al grano, cuenta lo que quiere sin andarse con rodeos. Bicho, el protagonista de Ciudad Violenta es minuciosamente descrito en un capítulo hasta sacarle todo el jugo (como un héroe Dostoievkiano). Porque las mejores líneas de Thompson están allí donde un personaje tiene que ser desmenuzado con el escalpelo y la delicadeza de un cirujano. Mujer, niño, hombre, joven o anciano, para cada uno de ellos Thompson tiene un dardo venenoso para clavárselo justo en el centro de la diana.
“Todos los escritores son autobiográficos” decía Burroughs, y en el caso de Thompson nos fue contando su vida a través de sus personajes y vivencias. El Sheriff corrupto y desalmado de 1280 almas era la encarnación de su padre, como lo mismo podría haberlo sido el padre del granjero de Tierra sucia. Sus ficciones provienen de la realidad y, nunca utilizando un alter ego para protagonizar sus historias, Jim se esconde detrás de personajes con caracteres varoniles, machistas y a veces racistas, con carismas de “outsiders”  y renegados incurables. Son tan patéticos y miserables que resultan adorables. Todas sus novelas (al menos las que pude conseguir) contienen una galería de personajes que son repudiables a ojos de alguien decente. Si hay algo que queda claro en sus novelas es que Thompson consiguió dominar las líneas argumentales de sus capítulos al estilo más hollywoodiense. Muchos de sus libros fueron llevados al cine, como La Huida, protagonizada por Steve Mc Queen, o Los Timadores, etc…;
De todos modos, aunque Jim  Thompson fuera un autor prolífico, no todas sus novelas son de tan excelente calidad. Puede que no haya un término medio, o tiene novelas realmente malas y aburridas y hasta penosamente escritas, como Aquí y Ahora, o quizás, Un cuchillo en la mirada o las tiene que deslumbran por su genialidad: Una mujer endemoniadaNoche Salvaje o Elasesino dentro de mí que ganó los elogios del entonces joven director de cine Stanley Kubrick. 
Cierto, Jiim Thompson tuvo una vida de ficción con todo tipo de sobresaltos, yendo de diferentes empleos incesantemente durante años, con adicciones con la alcoholemia, problemas con su mujer y muchos más percances. Pero quizás no sea este el  campo que más me interese, sino más bien sus ficciones que es donde más disfruto de lo mejor de él, y lo que se le daba mejor. Pero en su época y, más luego, incluso después de muerto y en su propio país, Jim Thompson nunca fue un escritor aclamado. Aunque si bien él no era ningún ingenuo y en cierta ocasión le advirtió a su mujer que: “Todas estas novelas que he escrito debes guardarlas y conservarlas, porque en el futuro serán leídas y tendrán mucho valor”.
No se equivocó en absoluto.
                          

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